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Música Clásica y ópera de Classissima

Mstislav Rostropovich

sábado 22 de julio de 2017


Ópera Perú

6 de julio

Julian Rachlin, multifacética personalidad

Ópera Perú Por Gonzalo Tello (Ópera Perú)La Semana Santa de este año fue especial visitando Bogotá por segunda vez, en el Gran Festival Internacional de Música Clásica que esta ciudad presenta por tercera vez y que congrega a cientos de artistas en mas de 50 conciertos en solo tres días. Una de las grandes estrellas del cartel es Julian Rachlin, violinista, violista y director, quien en este festival mostró todas sus facetas, especialmente dirigiendo a jóvenes del proyecto de orquestas juveniles de la Filarmónica de Bogotá, en una presentación que casi me llevó a las lágrimas, por la fuerza del mensaje de su música. Rachlin no solo destaca en sus múltiples facetas, sino también como persona en su compromiso con los artistas mas jóvenes.Rachlin recientemente fue nombrado Director Asociado de la prestigiosa Royal Northern Sinfonia, orquesta de cámara de gran prestigio en Gran Bretaña. Con ellos realiza un intenso trabajo y estará de gira en Sudamérica, presentándose en Lima este viernes 7 de julio en el Gran Teatro Nacional, dentro del Ciclo Extraordinario de conciertos de la Sociedad Filarmónica de Lima.Pude conversar via telefónica con Julian Rachlin y conversamos no solo de lo que ofrecerá en este concierto especial, sino de la experiencia de lo vivido en un Festival tan completo y satisfactorio como el que se ofrece en Bogotá y al que acuden miles de personas.¿Cuáles han sido sus mas gratas experiencias en este gran Festival Bogotano?Es increíble este gran trabajo que Enrique Mucnik con el Teatro Mayor llevan adelante cada dos años, de llevar 55 conciertos  en 3 días y con tan alto nivel de artistas es espectacular. Es un honor para mi haber sido invitado por segunda vez. Fue una grata experiencia, especialmente trabajar con los niños de las orquestas juveniles de Colombia, uno recibe mucha energía e inspiración de todos estos jóvenes, y el nivel de su orquesta es sorprendentemente alto. Yo no esperaba francamente esa calidad de músicos. Estoy muy feliz de trabajar con ellos y también de mi trabajo con el maestro James Gaffigan, uno de los directores mas talentosos del mundo hoy día. La experiencia de tocar como solista, trabajar en conciertos de cámara con colegas de gran nivel y poder asistir a otros conciertos, como el de Mikhail Pletnev y la Orquesta Nacional Rusa fue una gran experiencia para mi.La interpretación que vi de usted dirigiendo a la Orquesta Fusión Juvenil de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, con los "Cuadros de una exposición" de Mussorgsky, fue una experiencia increíble y que me tocó mucho, por el alto nivel de interpretación y transmisión de los jóvenes bogotanos. ¿Cual es su aproximación en el trabajo con este tipo de orquestas, su mensaje o aprendizaje en este tipo de trabajo?No sabría decir quién es el maestro o quien el que aprende, pero algo que me sorprende y conmueve es cuan dedicados y cuan serios son con la música. Y no solo sobre el escenario, sino en el trabajo en los ensayos, trabajando duro para mejorar. Esto es lo mas importante que un músico puede hacer, y en general cualquier se humano, no importa su edad, esforzarnos por mejorar siempre. En cierta forma, nosotros somos como peregrinos, dedicando nuestra vida a la música y es una decisión muy seria. Justo esta es la sensación que tengo de estos jóvenes, son muy serios sobre esto y quieren dedicar su vida al arte. Por eso son tan apasionados con lo que hacen, quieren saber cómo mejorar y cual es la forma de lograrlo. Ellos preguntan mucho y están muy interesados en aprender. No solo por jóvenes, también con mayores y quiero recalcarlo. Tuve una experiencia con Rostropovich, el tenía 75 años, y el seguía preguntando las mismas cosas, siempre interesado en mejorar. Lo mismo con Lorin Maazel, y otros. Tuve suerte de trabajar con estas y otras leyendas de la música, incluso con Leonard Bernstein cuando era muy chico, recibiendo algunas lecciones de el. Todos ellos se esforzaron por mejorar y aprender hasta el final de sus vidas. Y aunque fueron grandes, ellos nunca lo creyeron y siempre fueron humildes al respecto.Hablando de su propio festival musical "Julian Rachlin & Friends", tengo entendido que lo retomará de nuevo este año, luego de una pausa. De esta experiencia en el Festival bogotano, ¿qué experiencias puede tomar para el suyo?He llevado mi Festival por 12 años en la ciudad de Dubrovnik en Croacia, pero ahora iniciamos una nueva etapa en Palma de Mallorca, en España. La razón de hacerlo es juntar a mis grandes amigos, que se da que son extraordinarios artistas y con los que hacemos música de cámara. Esta nos parece es la forma mas directa de comunicar la música al público y entre nosotros mismos, por lo que la disfrutamos mucho. En una vida tan ocupada como esta, encontrar el tiempo de hacer esta música con grandes amigos es un gran placer e inspiración.¿Cuáles son sus expectativas de volver a Lima, esta vez como director y solista de su orquesta, la Royal Northern Sinfonia, que se presentará este viernes en el Gran Teatro Nacional?Estuve una vez en Lima hace dos años tocando el violín como solista, fue una grata experiencia. Además, soy amigo de Juan Diego Flórez, quien también vive en Viena, y me conmueve su compromiso y trabajo con su proyecto en Perú. Me encantaría ir y trabajar con los niños de su proyecto. Estoy emocionado también de presentar esta orquesta en Perú, una de las mas importantes orquestas de cámara, del mundo, debo decir. Disfruto mucho trabajar con ellos pues ensayamos mucho y eso es un privilegio que no se tiene siempre. Uno no llega para empezar a ensayar, ellos ya están listos, han aprendido sus partes y se esfuerzan constantemente por dar lo mejor, como los jóvenes de Bogotá. Esto es algo inusual en nuestro tiempo y eso lo hace especial. Es un gran honor para mi trabajar con ellos. Presentaremos obras de Mozart, Mendelssohn y Hindemith, y tocaré tanto el violín como la viola. Estoy seguro que el público disfrutará de la calidad de la orquesta y los resultados del trabajo en conjunto serán de lo mejor. Sobre Julian RachlinJulian Rachlin es uno de los violinistas más respetados de nuestro tiempo. A lo largo de su carrera ha establecido estrechas relaciones con varios de los directores y orquestas más prestigiosas del mundo. Compromisos recientes incluyen actuaciones con la Munich Philharmonic y Zubin Mehta, St. Petersburg Philharmonic y Yuri Temirkanov, Israel Philharmonic Orchestra y Gianandrea Noseda; La Scala Philharmonic Orchestra y Riccardo Chailly y la Orchestre National de France dirigida por Daniele Gatti, entre otros.Como director, Rachlin viene realizando su segunda temporada como Director Principal invitado de la Royal Northern Sinfonia, y muy pronto volverá a dirigir la Camerata Salzburg, la Orchestra della Svizzera Italiana, la Filarmonía de Praga y la Orquesta Filarmónica Real de Liverpool. Además de deleitar a su público con sus presentaciones, ha recibido también el reconocimiento como Embajador de Buena Voluntad UNICEF por su labor filantrópica y de extensión educativa.Nacido en Lituania en 1974, Rachlin emigró a Viena en 1978. Estudió violín con Boris Kuschnir en el Conservatorio de Viena. Luego de ganar el Premio al Músico Joven del Año en el Eurovision Competition en Ámsterdam, se convirtió en el solista más joven en tocar con la Filarmónica de Viena, haciendo su debut bajo la dirección de Riccardo Muti. Sus grabaciones para los sellos discográficos Sony Classical, Warner Classics y Deutsche Grammophon han sido recibidos con gran entusiasmo por parte del público y la crítica especializada.La orquesta de cámara Royal Northern Sinfonia, Orchestra of Sage Gateshead, es la única orquesta de cámara de tiempo completo del Reino Unido. Fundada en 1958 ha ganado una reputación internacional por la calidad de sus conciertos y la inmediata conexión que sus músicos tienen con el público. La orquesta representa a la región del noreste en el BBC Proms, en el Festival de Edimburgo y el año pasado, en sus giras por Europa.En recientes temporadas, la RNS ha trabajado con directores y solistas de la talla de Christian Tetzlaff, Christian Lindberg, Olli Mustonen y Robert Levin, con cantantes de renombre internacional como Sally Matthews, Karen Cargill y Elizabeth Watts, así como con algunas voces del mundo pop, como Sting, Ben Folds y John Grant.JULIAN RACHLIN / ROYAL NORTHERN SINFONIAViernes 7 de julio, 8:00 pm. Gran Teatro NacionalAv. Javier Prado Este 2225, San BorjaPrograma:W. A. Mozart: Obertura de Las noches de FígaroF. Mendelssohn: Concierto para violín y orquesta en mi menor, op. 64P. Hindemith: Música fúnebre para viola y orquesta de cuerdasF. Mendelssohn: Sinfonía italiana Nº 4 en la mayor, op. 90

Ya nos queda un día menos

6 de junio

El concierto para violonchelo de Dvorák por Du Pré

Escribir comparativas discográficas con muchas versiones resulta pesado y aburrido. Haré algunas más –tengo varias de ellas a punto de finalizar–, pero a partir de ahora procuraré que esas comparaciones sean solo entre dos o tres registros de una misma obra: a veces así se descubren cosas interesantes. Por ejemplo, el sublime Concierto para violonchelo de Dvorák en las dos grabaciones de Jacqueline Du Pré, la de noviembre de 1967 junto a Sergio Celibidache y la Sinfónica de la Radio de Suecia editada tanto por DG como por Teldec –obviamente un registro en vivo–, y la de 1970 junto a Barenboim y la Sinfónica de Chicago lanzada por EMI.   La primera de ellas es una maravilla. La colaboración entre dos personalidades tan poderosas podía haber terminado en un choque de trenes, pero lo cierto es que ocurre todo lo contrario. Poca veces se habrá escuchado en esta obra un diálogo tan rico entre batuta y solista, tan absoluta comunión a la hora de jugar con la flexibilidad de los tempi –por lo general muy lentos: la lectura se extiende hasta los 45’20– para permitirse mutuamente paladear las melodías hasta el límite, haciéndolo con una naturalidad admirable y derrochando una inspiración prodigiosa que logra el milagro de llegar al punto justo de equilibrio entre extroversión e introversión, entre frescura juvenil y melancolía, entre brillantez épica y pathos dramático. La sinceridad de las emociones es plena en todo momento, culminando en una coda a la que Celi sabe dotar de la grandeza amarga que necesita. Únicamente las posibilidades de una orquesta cumplidora pero con limitaciones –discreto solo de trompa en la introducción– emborronan un poco la excelsitud de una interpretación de conocimiento obligado. Con su sonido luminoso –tan diferente del de Rostropovich, otro grandísimo intérprete de esta página– y su fraseo incandescente sometido al más absoluto control, Jacquie sigue en 1970 haciendo verdaderos prodigios con la partitura. Por desgracia, ahora las cosas no funcionan de manera tan superlativa como con Celibidache debido a un Barenboim dramático y escarpado a más no poder, y por ello mismo revelador en más de un momento, pero no tan atento a las posibilidades líricas de la página, más monolítico en su enfoque, y por ende menos inspirado que el maestro rumano. Ni que decir tiene que la Sinfónica de Chicago está fabulosa, pero los ingenieros de sonido la dejaron un tanto atrás y la recogieron con cierta distorsión que permanece incluso en la reciente remasterización a 96/24. Una cosa más. Jaqueline tenía veinticinco años de edad cuando realizó el registro con su marido, y tan solo veintidós en su genial recreación junto a Celibidache. ¡Cuántas maravillas nos hubiera legado la violonchelista británica si su enfermedad se hubiera retrasado tan solo una década! ¡Qué tristísima pérdida!




Pablo, la música en Siana

13 de mayo

Excelencias concertísticas

Viernes 12 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, "Rusia esencial III", abono 13 OSPA, Daniel Müller Schott (violonchelo), Marzena Diakun (directora). Obras de: Bacewicz, Shostakovich y Franck. No soy supersticioso "porque da mala suerte" y el número 13 lo asocio a lo bueno, incluso es mi fila habitual y preferida siempre que puedo, un punto medio en la distancia con el escenario, unido a una visión cercana. Así que el decimotercero de abono corroboró esta tendencia positiva con un concierto reuniendo ingredientes que auguraban algo bueno: solista de lujo, obras interesantes y una directora polaca que además de traernos música de su tierra demostraría que cuando hay preparación no existen discriminaciones, mujer al frente de nuestra orquesta en una temporada de total madurez, volviendo a recordar las entrevistas en OSPA TV tanto con ella como con el solista. La polaca Gražyna Bacewicz (1909-1969) de la que el programa con las notas de Miriam Perandones (enlazadas en los autores al inicio) nos da unas pinceladas biográficas y su compatriota en la antes citada entrevista en YouTube©, compone su Obertura para orquesta sinfónica en 1943 pero de estilo clásico en unos tiempos convulsos y tristes, un canto a la victoria del pueblo sobre los invasores que se transmite desde una orquestación elegante, para una plantilla con abundantes metales y percusión militar en un lenguaje que yo sentí como "pre Gorecki", de escucha amable, tonal, llena de matices y un empuje rítmico que transmitió su paisana Diakun a la OSPA, resultando además apropiado para prepararnos ante el "vendaval ruso" posterior, realmente esencial como se titulaba este programa, cuerda vertiginosa, metales poderosos, madera impetuosa y percusión precisa. Parafraseando el eslogan, "un poco de Shostakovich es mucho", el Concierto para violonchelo nº1 en mi bemol mayor, op. 107 (1959) tiene mi edad y además llevo los mismos años de casado que con la OSPA, veintiséis que dan hondura, madurez y hasta serenidad a este transcurrir. Si además lo interpreta un cellista reconocido del que todavía recordamos su Elgar también aquí, la confluencia positiva desemboca en un auténtico placer. Daniel Müller Schott con su violonchelo "Ex Saphiro" de 1727 nos dejó un concierto de Shostakovich realmente de altura, el mismo que estrenase Rostropovich, con una excelente concertación orquestal a cargo de la maestra Diakun y una orquesta que contagió las ganas de hacer Música, con mayúsculas. Obra llena de los guiños habituales del ruso, sonidos tersos, grotescos al unir registros extremos en instrumentos opuestos, baquetas de madera en los timbales, cuerda desgarradora pero siempre clara, dibujándose con claridad y precisión los distintos motivos y el cello de Müller Schott presente, penetrante incluso en el dúo con un trompa no muy inspirado en una de las páginas más difíciles de interpretar, pero que no empañó el resultado global reconociendo lo traicionero de un instrumento donde una nota puede estropear su intervención. Siempre buscando ese color sinfónico, preparado como decía anteriormente por la obertura de Bacewick, la Cadenza colocada como tercer movimiento y en solitario nos dejó al increíble cellista haciendo reinar el silencio para asombrarnos no ya con una técnica aplastante sino desde la música en estado puro que Shostakovich escribe para el instrumento más parecido a la voz humana. La orquesta jugó, dialogó y acompañó el viaje conjunto de los otros movimientos con intervenciones solistas de altura, el ímpetu del Allegretto, la enorme gama de arcos y matices del Moderato con una trompa más centrada y la celesta ensoñadora con la languidez del cello en una orquesta aterciopelada y nítida sin perder tensión como pocas veces, finalizando en el Allegro con moto liberador de tensiones para una partitura magistralmente interpretada por todos. Éxito de Müller Schott y dos propinas, el cello de Bach (zarabanda de la Suite 3), y una transcripción desde la guitarra de un giorgiano para gozar con la técnica del "pizzicato" en la línea de Yo-Yo Ma que nos encantó a todos, con muchos instrumentistas preguntando durante la firma de discos por esa preciosidad en el polo opuesto de la magistral e introvertida interpretación del mejor Bach en estado puro y nuevo tributo a los grandes del instrumento, aquí todavía con reminiscencias de la viola de gamba que el Ex Saphiro destila en las manos del virtuoso muniqués. Tras la plenitud de la primera parte nada mejor que la Sinfonía en re menor de César Franck, la orquesta pensada desde el órgano, el juego de lengüetería y metales cual teclados y pedalero con toda la gama dinámica posible presente en el balance apropiado, y Diakun la intérprete perfecta del instrumento "orgánico" respondiendo milimétricamente. Atenta al detalle dominando de memoria la obra, sacando siempre a flote el tema protagonista en la correspondiente sección o solista (impecable Juan Pedro Romero al corno inglés) de una sinfonía única, tal vez incomprendida pero capaz de emocionar con una instrumentación perfecta para la plantilla asturiana con el arpa (perfecta en el inicio del Allegretto) completando unas pinceladas de color en amplísima paleta tímbrica, como pudo dibujar la directora polaca. Destacables los crescendi ricos sin perdernos detalle, dejando "respirar" los finales con calderones subyugantes, los tutti controlados en todas las dinámicas, los temas danzables delineados al detalle, empaste en maderas capaces de "crear registros" nuevos, metales con cuerda en texturas de excelencia y una alegría desbordante en el Allegro non troppo recapitulando temas escuchados para cerrar un concierto completísimo y auténtica fiesta de cumpleaños (lástima el poco público en la sala que vuelve a ser preocupante) con invitados de lujo que esperamos repitan.

Ya nos queda un día menos

21 de marzo

Gran Schumann por Coin y Herreweghe

Negar la posibilidad de interpretar a Schumnann siguiendo parámetros historicistas resulta tan equivocado como decir que esta vía es más apropiada –por presuntamente rigurosa con respecto a la praxis de la época– que las maneras tradicionales. Aquí el gran Christophe Coin, a despecho de algunos rasgos propios de quienes trabajan con instrumentos originales que pueden resultar amanerados para quienes no están acostumbrado a estas sonoridades–, ofrece una verdadera lección de sensatez, de musicalidad y de sinceridad expresiva, tocando no solo con fluidez, holgura, virtuosismo y una admirable belleza, sino también apuntando al meollo expresivo de la música, a su particular mezcla de lirismo, elegancia, ternura y pasión al borde del desbordamiento, y haciéndolo con la mayor convicción posible, aun sin llegar –eso parece imposible– a esa especial comunión que con la obra mantenían Rostropovich y, sobre todo, Jacqueline Du Pré. La gran sorpresa viene por parte de Herreweghe, aquí lejos aún de su tendencia a la blandura, la ingravidez y el amaneramiento (¡horrenda Cuarta de Mahler!) que ha ido desarrollando a lo largo de los últimos años, y dispuesto a aportar fuego, concentración y sentido de los contrastes a una dirección a la que quizá le falta un último punto de claridad. Gran trabajo, en cualquier caso, como el que hace con la Sinfonía nº 4: una versión acertadamente impetuosa y dramática a la que la rusticidad de los instrumentos originales le sienta de maravilla, como lo hacen también el equilibrio de planos sonoros que se deriva del planteamiento "históricamente informado". En cualquier caso, no es la de la sinfonía una versión redonda. Lo menos bueno es quizá el segundo movimiento, no del todo sensual ni emotivo, aunque la batuta sí que acierta con el regusto amargo que debe poseer. El resto es espléndido, aunque en general se podía pedir un punto más de flexibilidad en la agógica, también de depuración sonora, así como una transición entre los últimos movimientos con más sentido de la atmósfera y de la fuerza visionaria que alberga la genial partitura schumanniana. Soberbia la toma sonora.



Ya nos queda un día menos

4 de marzo

Nueva entrega del Shostakovich de Nelsons

Tras la notabilísima Décima ya comentada en este blog, llega una nueva entrega del Shostakovich de Andris Nelsons junto a la Sinfónica de Boston para Detusche Grammophon, incluyendo esta vez las sinfonías Quinta, Octava y Novena, además de la suite de la floja música incidental escrita para Hamlet como obra teatral, que no debe confundirse con la soberbia banda sonora compuesta mucho más adelante para el filme de Grigori Kozintsev. ¿Resultados? De alto nivel medio, pero un tanto decepcionantes para venir de quien muy probablemente es el mejor director de orquesta de su generación. Flojea sobre todo la Quinta sinfonía. Cierto es que la ejecución resulta impresionante. La planificación, portentosa. Exquisito el gusto con el que todo está dicho, tanto por la naturalidad del fraseo como por la ausencia de cualquier efectismo. Pero Nelsons se niega a ver más allá de la partitura y, aunque por fortuna no cae en la tentación de oficializar la partitura a la manera de un Mravinski, es decir, haciéndola sonar épica y triunfalista, tampoco está dispuesto a profundizar en su expresión. Se echan de menos atmósfera opresiva, rebeldía y desesperación, como también ese particulara retranca shostakoviana que le da sentido a su música. De este modo, el primer movimiento arranca sin verdadera congoja y, aunque está admirablemente construido hacia un clímax de enorme tensión, no desprende la rabia y la desesperación que la música necesita. El segundo está bien, siempre dentro de una línea más amable que socarrona, pero se podría echar mucha más imaginación a las intervenciones de las maderas. El tercero es quizá el que más convence, paladeado con amplitud y concentración aun sin dejar que la música nos hiera en los más hondo. En el cuarto, finalmente, Nelsons ve notas y nada más que notas: asepsia pura que dice poco del trasfondo verdadero de esta obra, ese mismo que tan fenomenalmente ha explicado, con las palabras y con la batuta, Michael Tilson Thomas. De la Octava sinfonía ya le conocíamos dos filmaciones, una con la Filarmónica de Berlín y otra con la Orquesta del Concertgebouw. La de Amsterdan es quizá la más inspirada de las tres. Esta otra de Boston me parece más sólida y mejor encaminada que la suya en Berlín, sin los detalles de blandura que entonces había, pero tampoco me parece que sea para tirar cohetes. Está muy bien el primer movimiento: adecuadamente planificado, abstracto en su enfoque, antes distanciado y sobrio que virulento, pero convincente en lo expresivo. Irreprochable el segundo, aunque tampoco le apetezca al maestro cargar las tintas; una vez más no convencen los tres golpes de timbal tan separados al final. Solvente sin más el tercero, en el que se han escuchado cosas mucho mejores (¡Solti!). Secos, sobrios y distanciados los tres últimos. Al contrario que en la Quinta, en la Novena sinfonía Nelsons sí que está dispuesto a reconocer el contenido al mismo tiempo irónico, rebelde y lacerante de los pentagramas, y aunque es cierto que no termina de ahondar en el amargor de los movimientos pares como lo hicieron Bernstein o Rostropovich, sí que hace sonar con no poca retranca al primer movimiento, otorga carácter tempestuoso se muestra valiente a la hora de denunciar en el tercero –increíble la trompeta– y sintoniza con el carácter burlesco en absoluto amable ni inocente que anida en el quinto. Se pueden preferir acercamientos más claramente corrosivos, pero aquí la convicción del maestro es evidente al mismo tiempo que, ayudado por una orquesta de primera, expone la partitura de manera magistral desde el punto de vista meramente sonoro De la música incidental para Hamlet no es fácil puede sacar más partido, tal es el compromiso de un Nelsons que sabe llegar a un perfecto punto de equilibrio entre el digamos clasicismo shakesperiano, que demanda una complicada mezcla de elegancia y potencia teatral, y esa ironía tan particular que singulariza al compositor de La nariz. No se puede pedir más en lo que a ejecución orquestal se refiere: difícilmente en su vida Shostakovich, que escribió pensando en un foso teatral, hubiera imaginado esta música tan bien tocada. Por cierto, increíbles los golpes del bombo si se escucha la descarga en HD. ¡Menuda toma sonora! En resumen, un lanzamiento de alto nivel pero que no aporta nada en especial. ¿Mis versiones favoritas? Rozhdestvenski y el citado Tilson Thomas para la Quinta, la de Previn de 1973 y la de Mravinski de 1982 para la Octava, las más tardías de Bernstein y Celibidache para la Novena (a falta de una edición oficial de la de Klemperer) y esta misma de Nelsons para Hamlet, porque la única otra versión que conozco, la de Neeme Järvi, no está a semejante altura.

Ya nos queda un día menos

22 de diciembre

Los Cuadros de Dudamel en Viena: piloto automático

Con las evaluaciones de esta mañana y las clases que por la tarde ponen punto y final al primer trimestre quedo temporalmente descargado del enorme trabajo de las últimas semanas, así que en estas fiestas espero actualizar el blog con más frecuencia. Comienzo con un disco recién salido al mercado: Cuadros de una exposición de Mussorgsky/Ravel en interpretación de Gustavo Dudamel y la Filarmónica de Viena registrada por los ingenieros de Deutsche Grammophon en la Musikverein de la capital austríaca en abril de este mismo año. Sin mucho acierto técnico, a decir verdad: la orquesta suena con naturalidad pero un poco difusa y sin mucha pegada, incluso en la descarga en alta definición que he tenido la oportunidad de escuchar. ¿Y la interpretación? Conociendo a Dudamel, me esperaba una lectura extrovertida, llena de vida y color, de elevado sentido descriptivo y también un poco superficial, más "música de cine" que otra cosa, y quizá algo efectista. Pues no, nada de eso. Todo lo contrario. Es la suya una interpretación de trazo fino, elegante y cuidadosa, dicha con exquisito gusto, no exenta de sensualidad ni de poesía digamos que raveliana, pero falta de garra, de potencia expresiva, de sentido teatral de contrastes expresivos e incluso de matices: quitando algún detalle interesante aquí y allá, da la impresión de que el maestro venezolano hubiera puesto el piloto automático. Que al Gnomo esté dicho un tanto de pasada, Bydlo suene algo alicaído – impresionante la tuba, eso sí– y a la bruja le falte fuerza no deja de decepcionar; en contrapartida, las Tullerías o los Pollitos estén dichos con adecuado encanto, mientras que el Mercado de Limoges de desarrolla con una enorme agilidad. Muchísimo mejor las propinas. No recibe Noche en el monte pelado –versión Rimsky, por supuesto– la interpretación más electrizante o escarpada posible –increíbles Rostropovich/París y Muti/Philadelphia–, pero su claridad resulta admirable y en la sección final nos atrapa una flauta que frasea de manera excepcional sobre el color plateado de la cuerda vienesa. Y vuelve a ser la sonoridad de la Wiener Philharmoniker la principal baza del Vals de El lago de los cisnes, dirigido de manera irreprochable por una batuta de enorme talento que debería dedicar más tiempo al estudio y menos a ser una estrella mediática.

Música Clásica y ópera de Classissima



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