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Música Clásica y ópera de Classissima

Mstislav Rostropovich

viernes 26 de agosto de 2016


Pablo, la música en Siana

13 de julio

El violonchelo que llena

Pablo, la música en SianaMartes 12 de julio, 20:00 horas. Claustro del Museo Arqueológico de Asturias, Oviedo: Festival de Verano. Gabriel Ureña, violonchelo. Obras de J. S. Bach, W. Lutoslawski y P. Hindemith. Entrada gratuita. Hace años que este joven chelista avilesino levantó el vuelo -como los pájaros que "acompañaron" todo el concierto- dejando la OFil (de la que fue el Principal más joven de España con solo 19 años) para continuar su formación a caballo entre Viena y Florencia con Natalia Guttman entre otros para emprender una sólida carrera como solista que le está llevando por medio mundo aunque como hace dos veranos, volvió a nuestro Oviedo veraniego con otro lleno hasta la puerta. El día gris asturiano resultó el telón ideal para un concierto potente con dos mundos de la escritura para violonchelo: el arranque histórico de J. S. Bach con dos de sus suites, la segunda y tercera, de quienes las leyendas urbanas cuentan que Pau Casals (su conocido El Cant del Ocells fue propina idónea por los pájaros que no callaron durante todo el recital) se desayunaba a diario, la definitiva victoria sobre la viola de gamba para convertirse en el instrumento imprescindible de cualquier formación, más la consolidación actual para esta gran generación de cellistas españoles plenamente universales, dos pesos pesados como Hindemith (1895-1963) y Lutoslawski (1913-1994). Parte del público que siempre atrae un espectáculo gratuito se levantó en medio de las obras sin el más mínimo reparo, otros se fueron tras Bach, puede que creyendo era el final del concierto o bien por el todavía "menosprecio" a unos compositores que forman parte de una misma historia y hace tiempo dejaron de ser contemporáneos para integrarse en los repertorios sin problemas. Las Seis suites para chelo solo de Bach son el compañero para toda la vida de cualquier instrumentista y algo extensible a "todo el universo Bach", al principio se odian cual tortura necesaria, después y con mucho estudio se logran tocar con los mínimos fallos posibles, con los años comienzan a paladearse, pues siempre están ahí, y al final de la vida consiguen disfrutarse. La Suite nº 2 en re menor, BWV 1008 es uno de esos amigos de viaje, seis números únicos individualmente pero que conforman un todo diferenciable en intención, aire, texturas, fraseos y hasta mimetismos. El Preludio es auténtica presentación, la Alemanda una reflexión, la Courante el toque de luz contrapuesto a la oscuridad, toda francesa, de la Sarabande aún de sonoridad renacentista e intimismo emparentado con la citada "viola de pierna", el Minueto abre la puerta al gran salón y la Giga será el viaje pastoral. Gabriel Ureña transitó cada cuadro con una gama de color muy uniforme donde el dibujo primó sobre el fondo, sonoridad rotunda en los graves y un arco que ha alcanzado el camino correcto pero aún sin interiorizar para poder disfrutar de "la segunda". La Suite nº 3 en do mayor, BWV 1009 pese al paralelismo con la anterior en formato, resultó mucho más madura y redondeada, contrastada en todo, con un Preludio decidido y valiente, destacando la Sarabande por el mimetismo sombrío del cello y la alegría de la Giga cual gaita asturiana desde un juego de roncón y melodía bien planteado, olvidándose de pájaros y centrándose en la inmensidad bachiana desde la soledad del instrumento que llenaba cada piedra del antiguo Monasterio de San Vicente, acústica ideal para "Mein Gott", paladeando "la tercera" que además sonó convincente en los seis aires. Cinco minutos para saltar dos siglos en el tiempo, cosas de la magia musical y los distintos idiomas que la gente joven dominan sin problemas en este mundo global. La Variación Sacher (1975) para chelo solo del polaco Witold Lutoslawski (dedicada al musicólogo y director Paul Sacher con motivo de su setenta cumpleaños y estrenada por el gran Rostropovich al año siguiente, verdadero impulsor de esta breve composición) es un lienzo sonoro lleno de arrebato, el contraste barroco actualizado y tamizado por la propia evolución humana donde el trazo es mero rasgo en vez de línea, ágil y espontánea, mientras los colores explotan y la distancia consigue dejarnos intuir motivos sin necesidad de formas concretas, "grafía aplicada a la música y no viceversa" en el entorno monacal de otros pájaros sobrevolando el claustro desde el sonido claro y potente de Ureña, cello actual y cercano, exigente técnicamente pero con la frescura de su generación, acercamiento más llevadero para una impetuosa interpretación llena de cuiadosos detalles y la búsqueda de un sonido propio. La Sonata para violonchelo op. 25 nº 3 (1922) de Paul Hindemith son palabras mayores en escritura e intención que Gabriel Ureña ya ha interiorizado y trabajado en profundidad, dominada la fiera para jugar con los cinco movimientos que indican en sus títulos el camino a seguir casi al pie de la letra: 1. Animado, muy marcado, 2. Moderamente rápido, lento, 3. Lentamente - Tranquilo, 4. Animado y 5. Moderadamente rápido, reflexiones sonoras en cada cuerda y fraseo, en los arcos y el mástil, ligados y "stacati", dobles cuerdas, amplitud de matices, sonata de sonar y llenar anímicamente de principio a fin, siempre la búsqueda de contrastes como toda obra y todo recital que no quiera hacer caer en el sopor, creciendo en cada movimiento hasta el vibrante final con la cuerda en pizzicato resonando en el claustro. Una hora de música llena de intensidad para un chelista como Gabriel Ureña (1989) que sigue engrosando la lista de españoles virtuosos del instrumento de Pau Casals -con su propina ornitológica- o Gaspar Cassadó junto a los jóvenes Asier Polo, Josetxu Obregón, Pablo Ferrández o Adolfo Gutiérrez Arenas, por citar unos pocos. El Festival de Verano arranca con éxito, los martes y jueves citas en la agenda para residentes y visitantes, porque Oviedo es música en todas las ocasiones.

Ya nos queda un día menos

27 de junio

Tchaikovsky por Rozhdestvensky en el sello Altus

Caí en la trampa y compré uno de los discos que componen el ciclo de Sinfonías de Tchaikovsky grabado por Gennadi Rozhdestvensky al frente de su Gran Orquesta Sinfónica del Ministerio de Cultura de la Federación Rusa entre 1988 y 1989, concretamente el que incluye las sinfonías nº 2 y 3. Y digo trampa porque la toma sonora deja muchísimo que desear, no tanto por su chata gama dinámica como por la terrible distorsión tímbrica, sobre todo en los tutti. Ignoro si el problema está en las cintas originales o en la remasterización realizada ex-profeso en 2011 para el sello Alto, que es quien edita este ciclo por primera vez fuera de Rusia, pero lo cierto es que algo así no es de recibo para la fecha.   En cualquier caso, se trata de grandes interpretaciones en las que el marido de la Postnikova, ruso hasta el tuétano pero poco aficionado a caer en el tópico, dotado de una visión de la música bastante más combativa que seductora y un sentido del humor no poco socarrón, se muestra inspirado y comprometido a más no poder, aunque su visión del mundo tchaikovskiano resulta bastante personal: nada de interpretaciones ensoñadas ni evocadoras, tampoco particularmente sensuales, sino más bien ardientes, dramáticas, llena de garra y de energía perfectamente controladas, sonadas con sana rusticidad –pueden molestar las asperezas de los metales, típicamente rusos–, fraseada sin rigidez alguna y dicha con enorme convicción, aunque también un tanto unilaterales. Su visión de la Pequeña Rusia ofrece un muy considerable interés, resultando en algunos sentidos reveladora. Tras una introducción particularmente brumosa se desarrolla un Allegro vivo denso, dramático y áspero, sensación a la que en gran medida contribuye la sonoridad bronca de la orquesta. En contraste, el Andantino marziale resulta más rápido que la media, estando lleno de animación y de sentido del humor, con una madera grave que frasea con considerable recochineo. El tercero está dicho con una potencia y una fuerza descomunales, sobresaliendo el tratamiento robusto de la cuerda y el muy carnoso e incisivo de las maderas. El cuarto se desarrolla en la misma línea, con ardor dramático considerable y algunos detalles –incisividad virulenta del piccolo– muy personales. El movimiento inicial de la Sinfonía nº 3, Polaca resulta decidido y vibrante, pero se puede echar de menos una dosis mayor de misterio, de lirismo y de variedad expresiva, sobrando al mismo tiempo un punto de contundencia. En el segundo, sin todo el encanto y la sensualidad que puede desprender la página –escúchese a Rostropovich, mucho más lírico en su interpretación de la sinfonía– sobresale el portentoso tratamiento de las maderas, ricas en el colorido y de una asombrosa claridad, aportando además un sutil toque de ese humor corrosivo que es característico del maestro. En el Andante elegiaco el maestro destapa el tarro de las esencias y hace gala de un fraseo de apreciable flexible y efusivo, de enorme cantabilidad en todas las intervenciones instrumentales, derrochando poesía –sin bajar nunca la guardia– y acumulando tensiones hasta alcanzar unos clímax en los que la cuerda alcanza un ardor insólito. En el Scherzo, incisivo y un punto inquietante, lo que es muy de agradecer, sobresale de nuevo el increíble trabajo con las maderas en lo que a colorido y claridad se refiere. El Allegro con fuoco, finalmente, está lleno de empuje, potencia y grandiosidad, aunque aquí las peculiaridades del metal ruso, subrayadas por la toma sonora, pueden llegar a molestar. En fin, lo de siempre: Rozhdestvensky es un enorme director, pero en demasiadas ocasiones no ha tenido suerte con la ingeniería de sonido.




Ya nos queda un día menos

23 de junio

Dos "Dobles" de Brahms con Haitink y la Concertgebouw

Resulta curioso que Bernard Haitink y su Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam grabaran dos veces el Doble concierto para violín y violonchelo de Brahms con tan solo nueve años de diferencia. La primera lo hicieron para el sello Philips, en septiembre de 1970. La segunda fue para EMI, realizándose las sesiones entre el 19 y el 20 de junio de 1979. En ambos caso el maestro ofrece una formidable dirección, decidida y vibrante, poderosa cuando debe, llena de energía bien controlada, pero no por ello desatenta a los aspectos más líricos y humanísticos de la página. Eso sí, siempre dentro de esa línea objetiva, honesta, seguramente poco creativa y, en cualquier caso, por completo ajena a los narcicismos sonoros, que caracteriza a la batuta del holandés. Espléndida la orquesta. La diferencia entre las dos grabaciones reside, obviamente, en los solistas: Henryk Szeryng y Janos Starker en la primera, Itzhak Perlman y Mstislav Rostropovich en la segunda. Cuatro auténticas estrellas, ciertamente, pero la comparación no deja lugar a dudas: los segundos están mucho mejor que los primeros. Szeryng y Starker tocan bien y se muestran en todo momento sensibles y musicales, pero su acercamiento a la obra resulta en exceso apolíneo, poco variado en la expresión, sobre todo en el caso del chelista, que llega a sonar un tanto tímido y descomprometido. En cuanto arranca la interpretación de 1979 e irrumpe Rostropovich uno se da cuenta de cómo pueden cambiar las cosas: frente a la palidez sonora y la escasez de arrojo del artista de Budapest, encontramos un chelo lleno de carne, de sonoridad increíblemente bella, que frasea con un fuego, una expresividad y una garra fuera de lo común, desplegando además esa ternura y esa cantabilidad inconfundibles del enorme maestro de Bakú. En el otro instrumento la diferencia no es tanta –Szeryng tiene un sensacional Concierto para violín brahmsiano con Haitink registrado en 1973–, pero también Perlman supera a su colega en intensidad dramática y riqueza de matices. La toma sonora es muy buena en ambos casos, siendo algo más espaciosa la segunda, aunque también más reverberante. Esta última circula ahora en una copia remasterizada en HD por el sello Warner que otorga más relieve y presencia que la primera encarnación en compacto. La cosa está clara: la grabación de 1979 es la imprecindible, la otra queda para curiosos. Ah, no se olviden de la interpretación de Barenboim en 1996 con Perlman y con Yo-Yo Ma, ni de la sensacional dirección de Bernstein en un registro de 1984 –en audio y en vídeo–, seriamente lastrada por un amanerado Kremer y un dulzón Maisky.

Ya nos queda un día menos

13 de junio

Tilson Thomas nos explica la Quinta de Shostakovich

Antes de comentar el concierto que escuché el sábado a la Orquesta Nacional de España, y como necesaria justificación de lo que voy a escribir, tengo que dejar claro qué piensa un servidor sobre la polémica Shostakovich-Volkov en general y sobre la Quinta sinfonía del compositor ruso en particular. Mi idea coincide en buena medida con lo que declaró Mstislav Rostropovich a Justo Romero en una entrevista de hace ya bastantes años. Por un lado, las presuntas memorias relatadas a Volkov parecen ser una falsificación: los argumentos que he podido leer defendiendo esta postura me han convencido plenamente, y a ellos hay que sumar las declaraciones del enorme violonchelista y director afirmando que el autor de La nariz no confiaba en el periodista ruso. Pero por otro lado, y aquí está la enorme paradoja, la idea que se encuentra detrás de Testimonio parece ser verdadera: en la creación shostakoviana posterior a a la censura stalinista de su ópera Lady Macbeth hay, además de obras malas escritas exclusivamente para complacer al régimen, mucho de ambigüedad y de dobles lecturas, incluyendo desafíos y hasta burlas más o menos veladas a la autoridad que no escapan en absoluto a quien quiera verlas. La cuestión es: ¿cómo demostrar algo tan extremadamente resbaladizo como eso de las segundas lecturas, es decir, que la música no quiere decir lo que parece querer decir sino justamente lo opuesto? Concretando en el tema que nos ocupa: ¿dónde se evidencia que la Quinta sinfonía es todo lo contrario a “la respuesta de un artista soviético a unas críticas justas"? La solución nos la da Michael Tilson Thomas en el capitulo dedicado a dicha partitura dentro de la excelente serie Keeping Score que protagoniza frente a su San Francisco Symphony: en la partitura está todo. Si están ustedes interesados en la música del autor, les recomiendo que vean este Blu-ray de soberbia calidad de imagen –de momento, además, lo pueden encontrar en YouTube– en el que se realiza un análisis admirable que concluye con sólidas pruebas sonoras de que el final de la partitura, ese mismo que suele despertar aullidos de entusiasmo entre el respetable, fue escrito precisamente con ese carácter opresivo, trágico y antirretórico –pese al monumental despliegue decibélico– con que han sabido interpretarlo los grandes traductores de la pieza, que a mi entender son  –por orden alfabético, pues las preferencias no las tengo del todo claras– Bernstein, Haitink, Jansons, Petrenko, Previn, Rozhdestvensky y Sanderling. No, Rostropovich no está en mi lista. Y menos aún Mravinsky, quien precisamente se encargó de estrenar la obra haciéndola digerible a las autoridades. Como en el resto de esta serie documental, al final del capítulo se incluye la interpretación de la obra completa. Y aquí ha venido una gran sorpresa para mí: no se trata esta vez de una grabación realizada en San Francisco, sino de la filmación de la BBC del Prom del 1 de septiembre de 2007, un concierto en el que estuve presente y en el que disfruté muchísimo. Pero bueno, dejando a un lado la cuestión personal, ¿qué tal está esta versión? Pues lo cierto es que, al contrario que otros maestros que dicen una cosa sobre la partitura para luego terminar haciendo otra muy distinta a la hora de ponerla en sonidos, Tilson Thomas lleva a la práctica el magistral análisis que realiza en el documental, es decir, apuesta por una lectura en la que los aspectos más sombríos, amargos y opresivos de la obra quedan en primer plano y subraya la ambigüedad expresiva que subyace en mucho de los pasajes, de manera muy particular en un Finale que es aquí una beligerante denuncia política cargada de negrura, más aún quizá que con los directores arriba citados. Los otros tres movimientos son francamente buenos, destacando un primero cargado de poderoso dramatismo y un segundo no particularmente corrosivo ni sarcástico, pero dicho con saludable socarronería y magníficamente expuesto. En el tercero cosas aun más profundas y acongojantes se han escuchado, pero aun así Tilson Thomas, que en el documental relaciona el pasaje con la música litúrgica de la iglesia ortodoxa, logra convencer por su sabia mezcla de vuelo lírico e intensidad emocional. La orquesta, ni que decir tiene, funciona de maravilla y es tratada por la batuta con una claridad y una plasticidad admirables, bien recogida por una toma sonora en surround auténtico que supera las limitaciones propias de la acústica del Royal Albert Hall, aunque no del todo las del origen televisivo del producto: la gama dinámica no es todo lo amplia que podía haber sido.



Ópera Perú

10 de junio

Virtuosos de Praga en Ciclo Sinfónico de la SFL

 Agrupación checa llega acompañada de la soprano Christina Johnston y de la guitarrista Miriam Rodriguez Brüllová.(Difusión SFL) Continuando con su Ciclo  Sinfónico, la Sociedad Filarmónica de Lima presenta a la orquesta de cámara checa Virtuosos de Praga este martes 14 de junio a las 8:00 p.m. en el Gran Teatro Nacional. Dirigida por Oldřich Vlček, la orquesta contará con  la participación como solistas de la soprano británica Christina Johnston y de la guitarrista eslovaca Miriam Rodriguez Brüllová.En la primera parte del concierto, la orquesta interpretará Serenata para cuerdas, op. 48 de Tchaikovsky; Concierto en re mayor para guitarra y cuerdas RV 93, de Vivaldi y Let the bright seraphim del aria del oratorio Samson, HWV 57, de Händel. En la segunda parte ejecutará Fandango, el  tercer movimiento del Quinteto para cuerdas en re mayor Nº 4, G. 448 de L. Boccherini; el aria de la ópera La flauta mágica de W.A. Mozart y Serenata para cuerdas en mi mayor, op. 22 de A. Dvořák.Fundada en 1986, la orquesta de cámara Virtuosos de Praga es considerada actualmente como una de las agrupaciones musicales checas de más prestigio a nivel internacional. Debido a su gran calidad, la orquesta ha sido dirigida por maestros como V. Neumann, A. Rahbari, P. Schreier, P. Meyer H. Griffiths, H. Rilling,, etc.  La lista de solistas con los que la orquesta ha tenido el placer de tocar incluye nombres de la talla de Plácido Domingo, Barbara Hendricks, Mstislav Rostropovich, Igor Oistrakh, Sergej Krylov, por mencionar algunos.Ha grabado más de 200 discos los cuales han sido producidos por diversos sellos como Supraphon, Orfeo, Discover, Claves y Koch International, y se ha hecho merecedora de dos discos de platino de Supraphon.Oldřich Vlček estudió violín y dirección en la Academia de Arte de Praga. Desde 1980 se desempeñó como concertino y director de la Orquesta de Cámara de Praga. En 1990 restableció la nueva orquesta de cámara Virtuosos de Praga, que fundó en 1976. En 2001 fundó y desde entonces dirige la nueva State Theatre Prague orchestra – Amadé, que es un anexo de la Orquesta del Teatro Nacional de Praga. A partir de 2004 se convirtió en uno de los principales directores del Teatro Nacional de Praga. Miriam Rodriguez Brüllová estudió en el Conservatorio Estatal de Bratislava. Después de obtener su licenciatura en interpretación y pedagogía en la Academia de Artes Escénicas en Bratislava estudió con el guitarrista y pedagogo Alvaro Pierri en la Universidad de Quebec en Montreal y en la Universidad Laval en Quebec, donde obtuvo una maestría en interpretación (2001). En 2003 completó sus estudios como estudiante de postgrado en la Universität für Musik und Darstellende Kunst de Viena. Ha actuado como solista con la Jerusalem Symphony Orchestra, Orchestra Sinfónica di Roma, Slovak Radio Symphony Orchestra, Orquesta Filarmónica de Bogotá, Universal Symphony Orchestra Seoul, North Czech Philharmonic, entre otras. En 2005 creó el festival internacional Bratislava Chamber Guitar, del cual es directora artística y actualmente ejerce la docencia en el Conservatorio de Bratislava.Christina Johnston fue becada en la Guildhall School of Music and Drama, en 2006. Se ha presentado con diferentes directores y ha asistido a clases maestras con Dame Kiri Te Kanawa, Renée Fleming, Emma Kirby e Yvonne Kenny. Asimismo, ha participado en diversos certámenes musicales, incluyendo el International Mozart Competition, donde obtuvo el tercer lugar; el International Antonin Dvorak Vocal Competition y la National Performing Arts Competition, donde llegó hasta la final. Se trasladó a Praga, donde actualmente estudia bajo la dirección del maestro Jiri Kotouc, de Jelena Noskova, correpetidora de la Ópera Estatal de Praga y de Richard Hein, director de la Ópera Estatal de Praga. Ha interpretado el rol de Olimpia en Los cuentos de Hoffman de Offenbach, en el Kazan Opera House de Rusia y recientemente hizo su debut en La flauta mágica de Mozart como la Reina de la noche, dirigida por Richard Hein en la Ópera Estatal de Praga.Entradas a la venta en Teleticket de Wong y Metro.

Pablo, la música en Siana

14 de mayo

Doble trece en veinticinco más uno

Foto © OSPAViernes 13 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, abono 13 OSPA: "Cuaderno de viajes II", Johannes Moser (violonchelo), Andrew Grams (director). Obras de H. Dutilleux y R. Strauss. Las matemáticas de este concierto no engañan: 25+1=13x2, veinticinco años y un día del debut de nuestra OSPA en el Teatro Campoamor, heredera de la Orquesta Sinfónica de Asturias y otras formaciones que nos retrotraen hasta la Segunda República (más de 80 años), y dos veces trece pues "no soy supersticioso que da mala suerte", día del mes y número abono de la temporada "de Plata" que trajo cosas muy buenas cual regalos de aniversario con oro puro: dos retornos al auditorio y a la orquesta de los asturianos como el director americano Andrew Grams, un violinista que se subió al podio entendiendo desde su experiencia a sus compañeros, sacando lo mejor de ellos dos años después, y el grandísimo e internacional cellista alemán-canadiense Johannes Moser que hace ya ¡siete años! nos dejase con el maestro Griffiths un Schumann increíble, un viaje que pasaba de nuevo por Oviedo con dos obras evocadoras y cercanas para un auditorio con demasiadas butacas vacías, supongo que cuestión de festividades (próximo "martes de campo" en Oviedo). El origen del Concierto para violonchelo "Un mundo lejano..." (1970) del francés Henri Dutilleux (1916-2013) lo explica a la perfección Ramón Avello en las notas al programa, enlazadas arriba en los autores, la inspiración no ya en Baudelaire sino en los propios títulos de los cinco movimientos que resultaron un viaje personal para orquesta, director y cellista por el entendimiento, sonoridades, presencia, tensiones, ambientes, unas acuarelas más que óleos por la prontitud del trazo e imposibilidad de corregir encargadas por el gran Rostropovich entendiendo nuevos caminos para su instrumento, más que un concierto clásico un concertar entre todos desde la introspección y sin una línea clara que poder seguir, pero evocaciones y ambientes sonoros perfectamente ensamblados por todos los músicos. El sonido del cello siempre poderoso, con unos armónicos sobrecogedores, un arco suave capaz de engarzar frases de verdadero Enigma desde el inicio, correspondido por una orquesta en el mismo idioma, manteniendo la Mirada con podio y la escucha orquestal, virtuosismos cómplices en unidad, cercanías solitarias, percusión con pinceladas ideales, Oleajes remando con la sección hermana a la que se unió tras finalizar, sintiéndose uno sin faltar el despliegue técnico que la obra y su destinatario exige, los Espejos que devuelven miradas e intenciones entre los intérpretes sin necesidad de traducción, y un Himno a la buena música donde el conjunto bien llevado por Grams fue más que fondo, forma para un Moser impresionante de principio a fin, cómplice con una partitura que sigue siendo un mundo por explorar, con momentos de silencios inquietantes, ruidos mezclados con los ambientes "pintados" en el escenario por una percusión siempre convincente, y entrega total por parte de todos, con una plantilla ampliada lo suficiente para mantener el equilibrio y la presencia junto a un cello todopoderoso en intervención y humano por cercanía. "El Bach de Rostropovich" siempre es un regalo y sirvió para seguir recordándole con una personal versión de la Sarabande de la Suite nº 1, más tocada que sentida con la vuelta al intimismo del cello llenando el auditorio de serenidad y dedicada (así me pareció entender) a la hija recién nacida de Adolfo Rascón. Tras el descanso Moser se sentó a mi lado para disfrutar la segunda parte, algo no muy habitual en los solistas, pienso que dejando muestra del respeto y amor por la música (ver entrevista en OSPATV) y sus intérpretes. Un placer charlar con él tras el Strauss de Grams con la OSPA (también en OSPATV, siempre acercándonos los invitados para comentar las obras del programa). Richard Strauss (1864-1949) ha estado presente en el auditorio y en los atriles de nuestra orquesta varias veces a lo largo de los años, todavía más esta temporada, por lo que la fantasía sinfónica Aus Italien, op. 16 (1886) parecía completar un nuevo viaje, hoy a la juventud del compositor alemán capaz de orquestar como nadie, examinando cada una de las secciones que continúan en lo alto. Misma unidad sonora mostrada por la OSPA en la primera parte para la variedad argumental de unas imágenes italianas con óptica germana, disfrute de cada familia, dinámicas amplias, camino sin descanso en cuatro etapas: En el campo, con el poso siempre maduro de la cuerda, Entre las ruinas de Roma, magisterio de metales y bellas intervenciones de clarinete y oboe, A orillas (En las playas) del Sorrento con esa orquestación potente y por momentos impresionista con la que todos disfrutamos, de nuevo con la madera luciéndose, y Vida popular napolitana (Calle popular de Nápoles), con el conocido "Funiculì, funiculà" donde el maestro Grams se giró cómplice al público para presentar ese tema popular de Luigi Denza que irá creciendo y variando en una orquestación exigente bien balanceada, batuta que sabe lo que es trabajar desde abajo y llevarlo al podio, resultando el entendimiento perfecto para afrontar estos repertorios y hacerlos sonar como deben. Un placer contar con él esperando repita más visitas, así como Moser... El momento de la formación en esta recta final de temporada sigue siendo admirable, y tener directores al frente con quienes se entienden y conocen, se traduce en conciertos donde el público sale feliz, estos viajes siempre subjetivos por personales y compartidos desde la calidad. Y el próximo viernes 20 seguimos de cumpleaños puramente sinfónico con el regreso del querido Max Valdés, Sibelius, Hindemith y Brahms que contaremos como siempre desde aquí.

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